vistas desde el yacimiento

Así era una de las bodegas más antiguas del mundo, situada en el Montgó

Hace más de 2.500 años ya se consumía vino en Dénia. Esto se conocía desde hace un tiempo. Ahora, nuevos estudios, han concluido que además de beberlo, los habitantes de aquel momento también lo elaboraban y comerciaban con él. Es decir, que existía lo que podríamos denominar una bodega. ¿Dónde exactamente?

vista aerea
El yacimiento está ubicado entre La Xara y la urbanización La Marquesa

Estos estudios arqueológicos han sido realizados en el yacimiento de L’Alt de Benimaquia. Es el montículo más occidental del Montgó y está situado entre la urbanización de La Marquesa y el núcleo urbano de La Xara.

panoramica
A la izquierda, dibujo del asentamiento; a la derecha, vista real desde el lugar.

Se trata de un asentamiento fortificado cuya muralla conservada mide 147 metros de largo y delimita una ladera abancalada de unos 4.500 metros cuadrados. Este recinto protegido contaba con seis torres o bastiones cuadrangulares repartidos a lo largo del muro defensor. Estuvo habitado entre los años 625 y 550 a.C.

Lagar de Benimaquia
Recreación de uno de los lagares descubiertos

Estas balsas recibían el mosto y las plataformas o pilas adosadas estaban destinadas al pisado de la uva. No obstante, los diferentes lagares hallados son distintos entre sí. Esto podría indicar que cada uno acumulase una cierta cantidad de uva. “Las proporciones de las cubas, más bien anchas, sugieren, por otro parte, la práctica de una primera fermentación en la cuba del mosto junto al orujo y, por tanto, una producción de vino tinto”, explican los autores del estudio. “Después de la primera fermentación, el vino debía ser vertido directamente en las ánforas, recogiendo para ello el mosto gracias al saliente dispuesto a tal efecto en todas las cubas; las ánforas sólo se tapaban al final de una segunda fermentación de varias semanas”, añaden.

Lagar en L'Alt de Benimaquia
Otro de los lagares de L’Alt de Benimaquia.

La bodega fortificada de L’Alt de Benimaquia es relevante por otros detalles. Que la zona de producción de vino ocupe una superficie tan extensa indica que el volumen elaborado era muy gran y, por tanto, no era únicamente para consumo propio sino que también se comerciaba con él.

Recreación despensa
Recreación de una de las despensas.

Tecnología reservada a la aristocracia

La capacidad de construir una fortificación de este tipo y poner en marcha la producción de vino sugiere que el líder del asentamiento debía ser alguien poderoso ya que en aquel momento la tecnología estaba sólo al alcance de las capas más altas de la sociedad, íbera en este caso. “Al igual que la joyería y la arquitectura monumental, el cultivo de la vid y, por consiguiente, el consumo de vino, se consideraban como el síntoma de una cambio en los modos de producción, vinculado al desarrollo de la aristocracia”, se afirma en el artículo.

Ánforas en Benimaquia
Restos de ánforas para almacenamiento de vino encontradas en el yacimiento.

Así que probablemente el asentamiento era la residencia de un jefe indígena que contaba con poder de convocatoria y contacto con elementos coloniales situados no muy lejos de Dénia. Esas colonias, principalmente fenicias, venían a esta zona en búsqueda de recursos metálicos, de hierro en particular. Y parece ser que era habitual el intercambio con la población indígena de ese material por aceite y vino. Eso es lo que convierte en extraordinario el asentamiento de L’Alt de Benimaquina: es la propia población íbera la que elabora un vino que hasta entonces siempre había conseguido mediante intercambios.

Pepitas de uva
Los arqueólogos han hallado un conjunto de unas 7.000 pepitas de uva.

Variedad de uva cultivada, no salvaje

Los restos de uva que han aparecido en el yacimiento -hay un conjunto formado por unas 7.000 pepitas- pertenecen a la variedad vitis vinifera. Es un dato muy importante ya que se trata de la variedad cultivada y que, con toda probabilidad, llegó de la mano de los fenicios, porque en la Península Ibérica sólo existía la variedad salvaje. Este hallazgo así como las ánforas permiten señalar que “existe una estrecha relación entre la colonización fenicia y la introducción de la viticultura en el medio indígena”, de Dénia en este caso.

La conclusión del estudio realizada a partir de las excavaciones en las estribaciones occidentales del Montgó, muy cerca de La Xara, afirma que “las estructuras defensivas constituyen el reflejo de una aristocracia indígena, tal vez incipiente, en contacto con elementos coloniales y cuya existencia era indispensable para iniciar una actividad viti-vinícola”. Un hecho realmente relevante debido a que “el peso de la función ideológica del vino aparece como un potente motivo de la voluntad de ejercer un control sobre su producción y consumo, a la vez que activa el dinamismo indígena para la asimilación y la adopción de nuevas tecnologías, como la cerámica a torno, que configuran la Cultura Ibérica”. Y en Dénia tenemos la suerte de contar con uno de los mejores testimonios.

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